LOS APOYOS EDUCATIVOS EN LA EDUCACIÓN INCLUSIVA
El derecho a la educación está mundialmente reconocido desde que en 1948 se proclamara la Declaración Universal de Derechos Humanos. Además, la Convención sobre derechos del niño, reconoce este derecho a todos los niños y niñas. En el año 2000, un informe de la UNESCO establece que la inclusión deberá ser parte integrante de las estrategias para lograr la educación para todos. Por consecuente, para conseguir esa inclusión es necesario una serie de apoyos, recursos y ayudas. El objetivo es conseguir un modelo educativo en el que todos los niños y niñas aprendan juntos, independientemente de sus condiciones personales, sociales o culturales; pudiendo optar a las mismas oportunidades de aprendizaje y desarrollo. Como hemos mencionado anteriormente, para lograrlo, debemos identificar las barreras existentes e implementar las medidas necesarias para superarlas.
Una de estas medidas son los apoyos educativos, pero ¿qué entendemos nosotras por apoyo educativo? Desgraciadamente, por nuestras experiencias, relacionamos el apoyo educativo con el sacar al alumnado de clase. Utilizamos la palabra “desgraciadamente”, ya que, implica que ese alumno/a no pueda enriquecerse del aprendizaje con sus iguales y con las experiencias educativas que realizan todos juntos dentro del aula.
En la LOE se utiliza el concepto de Necesidades Educativas Específicas de Apoyo Educativo, recogiendo una gran variedad de alumnado con necesidades educativas. Señala que este alumnado requiere, por un periodo de su escolarización o a lo largo de toda ésta, determinados apoyos y atenciones, que como bien indica el nombre, son atenciones específicas derivadas bien por una diversidad funcional o por trastornos graves de conducta. Dentro de esta definición, subraya tres grupos diferentes de alumnos y alumnas:
- Alumnado de incorporación tardía al Sistema Educativo Español, correspondería con los inmigrantes.
- Alumnado con altas capacidades intelectuales, que serían los niños y niñas superdotados.
- Alumnos con Necesidades Educativas Especiales, serían aquellos alumnos y alumnos que poseen algún tipo de diversidad funcional.
Nosotras queremos recalcar nuestra disconformidad con esta definición, ya que, existen unos factores de diversidad, que son aquellos que nos diferencian unos de otros. Si nos fijamos en nuestro alrededor nunca encontraremos a dos personas iguales, y ahí está la diversidad. Según Díez y Huete, existen tres factores de diversidad:
- Factores físicos: como la diversidad de sexos o la edad cronológica (en una clase nos podemos encontrar con un niño o una niña que tenga diez años porque los cumplió en enero y a otro de nueve porque los cumple en diciembre).
- Factores socio-culturales: hacen referencia a las diferencias según la procedencia social, cultural o geográfica. Lo que implica costumbres, rasgos e incluso lenguajes diferentes.
- Factores académicos: como pueden ser los conocimientos previos de cada persona, la motivación o la capacidad de aprender.
Con todo esto, queremos transmitir, que no son únicamente un alumnado específico los que necesitan apoyo educativo, sino que todos nos podemos beneficiar de ello, porque como hemos dicho, todos somos diferentes y todos tenemos capacidades diferentes.
Nos surge una gran pregunta: ¿cómo deben ser los apoyos educativos en la Educación Inclusiva?
Cuando hablamos de apoyo al alumnado con N.E.E. estamos hablando de la acogida y el compromiso de toda la Comunidad Educativa. Debe quedar explícito en el Proyecto Educativo de Centro, en el trabajo del tutor, de los Equipos psicopedagógicos y de todas las medidas que se plantean a nivel de Centro hasta llegar a la intervención del profesorado de Pedagogía Terapéutica en el aula.
En concreto, el profesorado de apoyo asignado en un centro puede llevar a cabo su tarea de distintas maneras: apoyo dentro del aula ordinaria al alumnado de forma indistinta, apoyo dentro del aula con atención específica al alumando con N.E.E. o apoyo fuera del aula para realizar trabajos específicos.
Nosotras creemos que estos apoyos deben ser para todo el alumnado, ya que, de no ser así no podríamos hablar de inclusión. Al referirnos a todo el alumnado, el aula debe ser un apoyo fundamental, es decir, el instrumento básico de atención. Las aulas inclusivas parten de la filosofía de que todos los niños pertenecen a un mismo grupo y que pueden aprender dentro de la vida normal de la escuela y de la comunidad. En ellas se valora la diversidad como fuente de riqueza y de aprendizaje. Robert Barth (1990) describe el valor de la diversidad como: “Las diferencias encierran grandes oportunidades de aprendizaje. Las diferencias constituyen un recurso gratuito, abundante y renovable. Me gustaría que nuestra necesidad compulsiva de eliminar las diferencias se sustituyese por un interés igualmente obsesivo por hacer uso de ellas para mejorar la enseñanza”.
El aula inclusiva debe prestar apoyo y asistencia al alumnado para ayudarles a conseguir los objetivos curriculares adecuados. Si un alumno necesita un cierto tipo de adaptación o de ayuda se le debe proporcionar en el aula ordinaria y no es un medio diferente. Esto supone que, en vez de llevar al alumnado al servicio de apoyo, sea éste el que se acerque a él. El apoyo en el aula ordinaria se sustenta en que las necesidades que presentan algunos alumnos se satisfagan en el ambiente natural de la clase.
Para poder lograr todo esto, la figura del profesor de apoyo es fundamental. Actualmente el rol del profesor de apoyo es de refuerzo en la mayoría de los centros ordinarios, a tiempo parcial y sin grupo propio. Se trata de una modalidad de apoyo, donde el alumnado se separa un tiempo de su clase ordinaria, para recibir, individualmente o en grupos reducidos, atención en aquellas áreas donde lo necesite, bajo la responsabilidad del profesorado de apoyo. El problema surge por la falta de claridad sobre la naturaleza y propósitos de las funciones del personal de apoyo siendo una de las mayores barreras para su eficacia. Nosotras creemos, que para que se produzca un cambio real hacia una escuela inclusiva es necesario cambiar los puntos de vista, confiar en el profesorado, crear incentivos para que se desarrollen programas inclusivos y proporcionar recursos, así como, reorganizar los existentes para enseñar para la diversidad. La existencia de dos profesores por aula sería una gran medida de apoyo para todo el alumnado, que se vería beneficiado por poder realizar una enseñanza más personalizada.
Un claro ejemplo, es el caso de Lucía. Tuvimos la oportunidad de recibir la visita de Lucía, una niña con Síndrome de Maullido de Gato acompañada de sus padres y de su profesor de apoyo, Cecilio. Nos contaron su experiencia de tener una hija con diversidad funcional escolarizada en un centro ordinario. Fueron muchas las cosas que nos llamaron la atención, ya que, fue una charla enriquecedora y muy motivadora. Lo primero que destacamos fue el amor que nos transmitieron. Amor hacía Lucía, amor hacia el trabajo y esfuerzo que están realizando por conseguir todos esos avances, amor en sus palabras, amor por su profesión y amor como padres. Cecilio hizo gran hincapié en transmitirnos la importancia que tiene creernos la palabra INCLUSIÓN. No entenderla como una forma de actuar, sino como una forma de ser, una actitud (con C). Esta actitud no solo debe llevarse a cabo dentro del ámbito educativo y una vez salgamos a la calle olvidarnos. Debe formar parte de nuestra vida y de nuestra forma de pensar. Además, es muy importante que tengamos repercusión en otras personas, es decir, que no sea algo que interioricemos y no compartamos, sino que lo podamos transmitir a los demás, e incluso, intercambiar opiniones y diferentes puntos de vista, con el objetivo de enriquecernos.
Cecilio y Lucía son un claro ejemplo de que la inclusión existe. Muchas veces vemos esto como algo idílico, que con palabras está muy bien pero luego es imposible llevarlo a la práctica. Sin duda alguna, ha sido una lección de superación. No existen los imposibles, sino personas incapaces.
Cecilio está siendo capaz de crear un aula inclusiva, donde trabaja con todo el alumnado, no exclusivamente con Lucía. No identifican a Cecilio como un profesor de apoyo que se centra en sólo unos pocos, sino, que ambos profesores siguen una línea común sin que haya ninguna desconexión. Lucía está siendo capaz de beneficiarse de un aprendizaje con sus iguales al mismo tiempo que todos sus compañeros también aprenden de ella. Cecilio y Lucía dan como resultado la propia experiencia de que la diversidad enriquece a todos. Han conseguido crear un ambiente donde todos aprenden de todos, donde todos son iguales y diferentes al mismo tiempo, ya que, no se trata de tener derecho a ser iguales, sino de tener igual derecho a ser diferentes.
Aun así, son muchas las dudas sobre si existe una verdadera inclusión, si son sólo fantasías que finalmente nunca se llevan a cabo, o si son únicamente unos pocos los que pueden acceder a ella. Para ponernos en esta situación, creamos un pequeño debate en clase. Por un lado, los que están a favor del profesor/a dentro del aula inclusiva y, por otro lado, los que están en contra.
Los argumentos en contra del profesorado de apoyo dentro del aula se centraban en lo que anteriormente comentamos como algo utópico. Defendían que este modelo de apoyo exige un trabajo de dos profesores/as dentro del aula, y esto no resulta a veces fácil. Se producen en muchos casos conflictos, pues muchos/as profesores/as pueden sentir esta situación como amenazante y de intromisión por parte del que entra en su “clase”. De esta manera, si ambos profesores no siguen una línea común en cuanto a objetivos, contenidos, metodología, programas, seguimiento, comunicación y evaluación, el profesorado de apoyo acabaría descolgándose y centrándose únicamente en los alumnos con N.E.E. Al final, el resto de alumnos identificarían que el profesor de apoyo es de estos alumnos con necesidades específicas, por lo que acabaríamos con el carácter sistémico y de interacción, alejándonos de un planteamiento inclusivo. Por otro lado, apoyaban la idea de que si se saca fuera del aula al alumno el apoyo sería más individualizado y, por tanto, más productivo y beneficioso. Por último, se aferraban a la idea de que actualmente el Gobierno no destina los recursos económicos suficientes para poder tener a dos profesores por aula, ya que, únicamente con uno para todo el centro no se podrían atender las demandas de todo el alumnado.
Es cierto que son argumentos muy fáciles de defender, ya que, es el sistema educativo en el que estamos acostumbrados a vivir e incluso con el que hemos crecido. La mayoría de las veces sentimos miedo a abrirnos hacia los cambios e incluso se utiliza el dicho de “más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer”. Aun así, no son más que excusas de personas que no quieren salir de su “zona de confort”, es decir, permanecer pasivo a las injusticias, a las desigualdades que ocurren a nuestro alrededor y a los sucesos que experimenta a lo largo de su vida.
Por ello, el primer argumento a favor del profesorado de apoyo dentro del aula inclusiva es que el derecho a la educación es mundialmente reconocido. Únicamente con esto debería sobrarnos todo lo demás. Debe ser intolerable que un alumno/a quede excluido del aula y del aprendizaje con sus iguales para recibir apoyo. Tenemos que cambiar este modo de pensar donde es el alumnado el que tiene que adaptarse al currículo ordinario. Debe ser todo lo contrario, el sistema educativo se adaptará siempre al alumnado. Por otro lado, no podemos olvidarnos de todas las personas que intervienen en el proceso de enseñanza-aprendizaje, y que forma lo que conocemos como comunidad educativa. Es cierto que no existen los recursos suficientes para que en cada aula haya dos profesores/as, pero lo que si podemos hacer es pedir ayuda a esa comunidad y formar una verdadera Comunidad de Aprendizaje donde estén implicadas todas las personas que de forma directa o indirecta influyen en el aprendizaje y el desarrollo del alumnado; incluyendo profesorado, familiares, amigos y amigas, vecinos y vecinas del barrio, miembros de asociaciones y organizaciones locales, personas voluntarias, etc. Cualquier persona debe ser bienvenida al centro para poder así aportar su granito de arena. Para conseguir esto, es necesario una buena comunicación. El diálogo, debe ser el marco a partir del cual se lleven a cabo todas las actuaciones de éxito en las comunidades de aprendizaje, ya que, todos aprendemos de las interacciones con otras personas.
Para terminar, queremos reflexionar sobre esta frase: “La educación no es un gasto, es una inversión”. ¿Preparamos a los estudiantes para el futuro? Mientras que los estudiantes son el 20% de nuestra población, son el 100% de nuestro futuro. De ellos depende la evolución de la sociedad, por lo que invertir en educación es invertir en un buen futuro para todos.
Bibliografía/Webgrafía:
- Las Necesidades Específicas de Apoyo Educativo en el marco educativo: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3391386.pdf
- Guía de Buenas Prácticas en Educación Inclusiva: http://www.aecid.es/Centro-Documentacion/Documentos/Publicaciones%20coeditadas%20por%20AECID/Guia_de_Buenas_Practicas_en_Educacion_Inclusiva_vOK.pdf
- Educación Inclusiva y las Comunidades de Aprendizaje como alternativa a la escuela tradicional: http://eprints.ucm.es/15853/1/LA_EDUCACI%C3%93N_INCLUSIVA._TFM.pdf
- El profesorado de apoyo en los centros ordinarios. Nuevas funciones, nuevas contradicciones: http://revistas.um.es/educatio/article/viewFile/149141/132131

No hay comentarios:
Publicar un comentario